miércoles, 27 de enero de 2010

GABY ME AYUDO A MIRAR...


Es increíble como, si nos detenemos a observar las pequeñas cosas que suceden en nuestro alrededor, podemos descubrir grandes verdades. Por ejemplo, hoy estaba sentada almorzando cuando llegó corriendo Gaby con su eterna esperanza de que alguien se “compadezca” de ella y le de algo de comer (Gaby es una perrita, que como diría mi hermana es fea pero adorable!).

Gaby no es joven, debe tener unos 8 ó 9 años “perrunos”, lo cual nos pone ante la situación de estar tratando con una señora de considerable edad “humana”. El caso es que ella ha estado teniendo problemas de salud y no podemos darle todo tipo de comida, sin embargo había que verla y escucharla ante la tentación del olor de la comida. Saltaba, gemía, lloraba, desesperada se paraba en dos patitas y mientras aullaba, nos miraba con esa mirada tan tierna, como queriéndonos decir: “Por favor, apiádense de mi, denme algo de comer. Se los suplico, se los imploro” Y lloraba, hacia gestos, se retiraba por momentos y luego regresaba con mas llantos y mas saltos, y mas gemidos… Nosotras (mi tía y yo) la mirábamos con muchísimo pesar, sabiendo que no podíamos darle de comer de lo que ella quería, por su propio bien.


Fue entonces cuando esa escena me pareció tan familiar… Cuantas veces he llorado, gemido, implorado a Dios, “la fuerza suprema”, “la diosa”, o como prefieran llamarle, pidiendo algo que en ese momento deseaba fervientemente pero que no entendía por qué no podía tenerlo SI ERA ESO LO UNICO QUE YO QUERIA!!!

Cuantas veces, luego de llorar y pensar que no había sido escuchada me he retirado para volver al poco tiempo con mas llantos, mas desesperación, mas angustia. En ese instante, pude imaginar claramente el rostro de ese ser supremo expresando su pesar porque me estaba escuchando, sin embargo no podía concederme algo que me haría daño en un futuro.

Pero, al igual que Gaby, yo en ese momento no entendía por qué no podía ser complacida.


Y en ese instante, como lo hago ahora, di gracias. Muchas gracias, porque los ojos de mi alma todavía recuerdan cómo mirar

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