¡Que papel nos ha tocado desempeñar en estos tiempos! El de la mujer fuerte: la que piensa y siente como hombre...
Unas, esas a quienes realmente admiro, lo hacen por absoluta convicción. Otras, entre las que me incluyo, lo hacemos porque no nos ha quedado otra opción.
Parecemos muy seguras, auto-suficientes, inquebrantables, impenetrables... Ay si supieran! Si supieran que sólo basta una pequeña grieta en esa capa tan dura para hacernos tambalear... Si supieran que también amamos y necesitamos sentirnos amadas... Si supieran que detrás de toda esa farsa se esconde una mujer. Un ser lleno de inseguridades, ansiosa por unas manos que la guíen y le digan: sígueme, dejame todo a mi.
Y es muy difícil, señores... Mucho! Porque ante mujeres así, los hombres siempre estaran a la defensiva... Es culpa nuestra, lo asumo. Pero que difícil es darnos cuenta de que ante tanta dureza, ante tanta aparente carencia de necesidad de dulzura, ante esa apertura a los temas sexuales (y ojo que dije a los temas sexuales, no a la promiscuidad; que ya ese es otro tema) nos temen... Hemos querido ser tan "cool" que terminamos siendo exactamente lo que buscábamos: otro de los chicos... Esa buena amiga "loca" y "comprensiva" que los apoyará en cualquier "vagabundería", que le guardarà los secretos...
Noches inolvidables; malo, regular o buen sexo; tragos en camaradería... Y de los sentimientos qué? Nahhhh! Si nosotras preferimos ni tocar el tema. Nosotras no necesitamos esas pendejadas que nos complican, nos atan, nos apendejan y nos dejan con tremendo par de cuernos que nos impiden ponernos nuestros mejores moños... Ajá, si, claro... TODO el mundo nos cree el discurso, hasta nosotras por momentos nos creemos las mas independientes.
Peeeeeeero... Llega ese día en que sales con ese hombre capaz de ponerte nerviosa... Ese hombre que no estaba en tus planes, por supuesto y que por supuesto que no te cree una sola palabra cuando, con todo el miedo del mundo, empiezas a bajar la guardia y a dejar salir a la verdadera mujer que esta dentro.
Y se va quedando rezagada la cabrona, mirandote aterrada desde su universo paralelo. Y la ignoras. La ignoras con premeditación y alevosía porque crees estar segura de que es ella quien tiene la razón.
Y tanteas el terreno... A veces esa necesidad de afecto es tan imperiosa, que no te tiras, te "jondeas"... Y solo queda esperar lo "mejor"... Aunque al final te des cuenta, cabrona, que deberás comenzar de nuevo agregando un punto mas a la lista de fracasos que guardas en las gavetas... Junto a su recuerdo.
lunes, 23 de mayo de 2011
jueves, 5 de mayo de 2011
LA COSTUMBRE... DIVINA ELLA!

Uno se acostumbra muy rápido a lo “rico”, a lo bueno, a lo que nos hace sentir bien…
Tan rápido que sin darnos cuenta nos vemos sumergidos en un espiral y, a pesar de que tratamos de controlar muchas cosas, no hay nada que se pueda hacer.
Eso nos pasa con la “buena vida”, con los “buenos momentos”, pero sobre todo con los “buenos amores”… Y ojo, aquí amor en el sentido gringo del tan prostituido “I love you”… No necesariamente del amor como lo conocemos los latinos, ese que se conecta y se entrega incondicionalmente.
Y es que es tan delicioso dejarse llevar por esas sensaciones, ese soñar despiertos que a veces nos embriaga de una forma tan sutil (al principio) y que después nos arropa de manera incontrolable.
Primero se abre una brecha en esa “presa” que son nuestros sentimientos. Primer error. Esa brecha se convierte en una grieta y comienza el “agua” a fluir (en ocasiones literalmente Jijiji).. Ahí ya estamos jodidos! Porque esa grieta empieza a ensancharse con cada caricia, con cada beso, con cada palabra de esas que queremos escuchar… Y se va al carajo nuestra racionalidad, y no vemos las consecuencias de lo que un “amor” (en gringo, ok?) puede ocasionar, sobre todo cuando es uno de esos episodios que sabes desde el inicio que han nacido con fecha de vencimiento.
No todo es engaño, ciertamente. Y me refiero aquí al auto-engaño, no al que quieran hacerte creer lo que no es, porque ya a esta edad la experiencia nos ha enseñado a no creer en palabras, si no en hechos. Decía que no todo es engaño, que hay momentos en que abres los ojos y con horror te das cuenta de que debes frenar, pero no quieres parar en seco; prefieres esperar un poco mas, ir frenando despacio para no calentar los frenos (eso es auto-engaño).
Y bueno, también hay que decirlo, son momentos muy chéveres… De esos que recuerdas con una sonrisa en los labios porque no hubo engaño, no hubo mentira, solo un acuerdo entre dos adultos (implícito, por supuesto, JAMAS explícito), donde se vivieron experiencias llenas de adrenalina, momentos dulces y mucho placer. Momentos inclusive salpicados por esa ternura que sabes puedes dejar salir porque, pa’los fines, no tienes nada que perder.
Y mientras pasan esos momentos hay que vivirlos, disfrutarlos con cada centímetro de tu piel, permitir que llenen cada poro de tu cuerpo, dejar que te obnubilen por un tiempo… Porque al fin y al cabo qué fuera de la vida sin esos momentitos?
Hay amores que no nacieron para vivirse, solo para recordarse…
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