En estos días he tenido bastante tiempo para pensar en el gran poder que les concedemos a los demás.
Les damos el poder de hacernos felices, infelices, de preocuparnos, de irritarnos, de engañarnos...
Y esto es un grave error.
Porque el verdadero poder radica en cada uno de nosotros. Somos los dueños de nuestro destino y de nuestra propia felicidad. No conviene dejar en las manos de nadie nuestra capacidad de reír, de ver cada día como una hermosa bendición.
No permitas que nadie, sea quien sea, maneje tus emociones. Hoy determina que seràs tu propio amo y que solo tu tienes el poder para decidir si el día esta oscuro o si, por el contrario, amanece lleno de luz.
domingo, 21 de febrero de 2010
jueves, 4 de febrero de 2010
EL ENEMIGO INTERNO
ESTA HISTORIA ES DEMASIADO REALISTA. SE LA TOMO PRESTADA A UNO DE MIS ESCRITORES FAVORITOS, PAULO COEHLO. LA COMPARTO PARA QUE APRENDAMOS EL VALOR DE LO QUE HOY TENEMOS. UN ABRAZO!
Nasrudin vio a un hombre sentado a la orilla de un camino, con aire de absoluta desolación.
-¿Qué es lo que le preocupa? – quiso saber.
- Amigo mío, no encuentro nada interesante en esta vida. Tengo suficiente dinero como para no tener que trabajar, y estaba viajando para ver si encontraba alguna cosa curiosa en este mundo. Sin embargo, todas las personas que me he ido encontrando no me han enseñado nada nuevo, logrando que mi apatía se hiciera incluso más aguda.
»En fin: puedo decir sin ningún miedo que, a pesar de todo lo que he hecho, no he conseguido encontrar la paz que buscaba.
En ese mismo instante, Nasrudin agarró la maleta del hombre y salió corriendo por el camino. Como conocía la región, rápidamente consiguió distanciarse cortando por algunos atajos a través de los campos y las colinas.
Cuando se alejó lo suficiente, dejó otra vez la maleta en mitad del camino por donde el viajero acabaría pasando, y se escondió detrás de una roca. Media hora después apareció el hombre, que se sentía más miserable que nunca por haberse cruzado con aquel ladrón.
Nada más divisar la maleta, corrió hasta ella y la abrió, sin aliento. Al comprobar que su contenido estaba intacto, miró al cielo lleno de alegría, y le dio gracias al Señor por estar vivo.
“Algunas personas sólo entienden el sabor de la felicidad cuando consiguen perderla”, pensó Nasrudin, espiando la escena.
Nasrudin vio a un hombre sentado a la orilla de un camino, con aire de absoluta desolación.
-¿Qué es lo que le preocupa? – quiso saber.
- Amigo mío, no encuentro nada interesante en esta vida. Tengo suficiente dinero como para no tener que trabajar, y estaba viajando para ver si encontraba alguna cosa curiosa en este mundo. Sin embargo, todas las personas que me he ido encontrando no me han enseñado nada nuevo, logrando que mi apatía se hiciera incluso más aguda.
»En fin: puedo decir sin ningún miedo que, a pesar de todo lo que he hecho, no he conseguido encontrar la paz que buscaba.
En ese mismo instante, Nasrudin agarró la maleta del hombre y salió corriendo por el camino. Como conocía la región, rápidamente consiguió distanciarse cortando por algunos atajos a través de los campos y las colinas.
Cuando se alejó lo suficiente, dejó otra vez la maleta en mitad del camino por donde el viajero acabaría pasando, y se escondió detrás de una roca. Media hora después apareció el hombre, que se sentía más miserable que nunca por haberse cruzado con aquel ladrón.
Nada más divisar la maleta, corrió hasta ella y la abrió, sin aliento. Al comprobar que su contenido estaba intacto, miró al cielo lleno de alegría, y le dio gracias al Señor por estar vivo.
“Algunas personas sólo entienden el sabor de la felicidad cuando consiguen perderla”, pensó Nasrudin, espiando la escena.
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